LA SINAGOGA DEL JURADO JUAN DE CÓRDOBA

LOS SÓTANOS Y EL POSIBLE MIQVÉ

 

Nada más entrar en el subterráneo, nos damos cuenta del cambio de temperatura en relación al exterior, razón por la que esta estancia, más fresca en verano, era aprovechada para conservar en tinajas ciertos productos alimenticios, como chacinas, quesos y el vino.


Con la restauración de la casa afloró en el suelo del sótano una especie de bañera o pilón que, aprovechando la estructura de una alberca o impluvium de época romana, pudo servir desde la Edad Media a una finalidad bien distinta, pues se plantea la hipótesis de que pudo ser un “Miqvé” relacionado con la existencia de una sinagoga en el interior de esta casa. Con esta denominación se conoce a un espacio subterráneo existente en las sinagogas, dotado de una de una bañera o pilón en el que se realizaba el baño ritual judío. Además de estar bajo tierra, el “Miqvé” debía cumplir otros requisitos, entre ellos, disponer de cierto número de escalones, la capacidad de agua precisa- que consistía en unos 40 saha-, y que ésta no estuviese estancada, sino que proviniese directamente de una fuente o manantial.


CASA DE LAS CABEZAS: DE ALCÁZAR DE ALMANZOR A RESIDENCIA Y SINAGOGA DEL JURADO Y RICO JUDEO CONVERSO JUAN DE CÓRDOBA


El cronista Ambrosio de Morales en 1580 escribe acerca de la Casa de las Cabezas, señalando haber sido ésta la prisión en la que el padre de los Siete Infantes de Lara, Gonzalo Gustioz, Señor de Salas, estuvo prisionero, y su calleja, el lugar donde, colgando de su arquillos, estuvieron expuestas las cabezas de los desdichados Infantes. El cronista recogía aquel saber popular que situaba en este emplazamiento un Alcázar del gran caudillo Almanzor, eco que llega a los cristianos nada más conquistar Córdoba en 1236, pues desde poco tiempo después, la documentación atestigua como esta vía ya es nombraba “de las Cabezas”.


Tras la expulsión de los Judíos, acaecida en 1492, e incluso antes, fueron muchos los que a la fuerza abrazaron la fe católica. Sin embargo, en su interior, seguían practicando la religión judía. Así parece que aconteció con el rico mercader judeoconverso llamado Juan de Córdoba de las Cabezas, a quien el temible Inquisidor Lucero acusa a principios de 1500 de tener una sinagoga en su casa, lugar al que va a predicar su sobrino, el Bachiller Menbreque, y donde se reúnen a escuchar sus sermones judaicos multitud de personas.


A consecuencia de la anterior acusación terminan en la hoguera más de doscientas personas, siendo el mas terrible auto de fe el celebrado el 22 de diciembre de 1504, en el que arden 107 personas por el motivo narrado.


La “sinagoga” fue mandada destruir por Lucero, tal y como dan fe las actas municipales de 1513, y hasta la fecha, se consideraban falsas las acusaciones vertidas por la Inquisición. Sin embargo, a la luz de estos descubrimientos se plantea la hipótesis de que, quizás, no se trataba de simples calumnias.






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